¿Cuál podría ser la causa de esa violencia que va al galope en los últimos tiempos? ¿Qué explica la vesania con que se cometen a diario y con poco o ningún arrepentimiento crímenes y agresiones? ¿En qué dimensión específica de los victimarios se hallan los vacíos, extravíos y retorcimientos que los impulsa a hacer lo que hacen?
Es verdad que el ánimo criminal no se explica por una sola causa, pero tal vez una que tenga particular vínculo con él sea la de la educación, o para decirlo con propiedad, la de una educación pobre, sin sustancia, carente de sentido.
La educación de los primeros años supone colocar los cimientos y perfilar la orientación que tendrá la vida de una persona. De allí que este concepto sea tributario del vocablo latín educere, cuyo significado es guiar al educando permitiendo que aflore lo mejor de sí mismo.
Ahora bien, ¿cuán probable es que la educación genere estos efectos en un país en el que una considerable proporción de niños y adolescentes proviene de hogares disfuncionales?
León Trahtemberg, quien tiene amplia trayectoria en el campo educativo, sostiene que muy pocos chicos podrán realizarse bajo estas condiciones y que no cabe postergar más la aplicación de un nuevo enfoque de la educación que conciba a la escuela como un espacio en el cual, antes que nada, los niños se sientan queridos y puedan ser felices.
"Tenemos a un 40% de niños y adolescentes peruanos con problemas de salud mental, a un 30% que sufre de depresión y a un 50% que crece en entornos de violencia familiar. ¿Y qué pasa cuando van al colegio? Los maltratan con sistemas de trabajo que los estresa, para calificarlos luego de incompetentes", explica el experto.
Desde su perspectiva, no hay forma de que un niño pueda aprender y desarrollarse en estas circunstancias, de modo que la educación deja de tener valor y el proceso termina por truncarse. Lo que pueda suceder después es impredecible, pero sin duda este desencanto hace a un chico más susceptible de incurrir en malas andanzas.
En Escuelas Creativas, una obra patrocinada por Fundación Telefónica que recoge las ideas innovadoras del cocinero Ferran Adriá en aras de dotar de mayor potencia a la educación, se señala que gran parte del debate educativo actual está centrado en los "cómo" y no en los "por qué". Y no falta razón: el énfasis en los procesos y las metodologías nos ha llevado a perder de vista que en definitiva lo que importa es hacer las cosas con un propósito, desde luego de bien y provechoso.
Tenemos por tanto una doble tarea pendiente: de un lado, lograr que una gran mayoría de niños y adolescentes se sienta feliz educándose, y de otro, conseguir que ese aprendizaje les permita descubrir un sentido de vida.


