miércoles, 19 de abril de 2017

A propósito de la reconstrucción con cambio



Probablemente lo primero que me llamó la atención fue el diseño convexo de las calzadas, una leve curvatura en la parte central de las mismas cuya función quedó perfectamente graficada con la caída de una lluvia. Esto también me permitió comprender por qué las veredas eran ásperas y tenían igualmente un ligero declive hacia las calzadas. El agua, en la vía pública, debe discurrir, y veredas con una superficie lisa pueden convertirse en trampas mortales cuando la lluvia cae sobre ellas. El sentido común no es otra cosa que la experiencia bien aprendida.

El escenario de tales descubrimientos era Los Ángeles, ciudad en la que más allá del It never rains in Southern California de Albert Hammond estaban tomadas todas las providencias para soportar precipitaciones de magnitudes bíblicas.

Pero una cultura de la precaución es consustancial al progreso y no existe país que goce de dicha condición sin haber considerado tal premisa. Son varias las razones que hacen valiosa la prevención: a) el cuidado de las personas, manifiesto por lo demás en el primer artículo de la Constitución, b) el costo de reconstruir aquello que se hizo mal supera con creces al de construir bajo parámetros preventivos, y c) en definitiva, una cultura de la prevención permite reducir los niveles de perturbación o bloqueo de las actividades cotidianas frente a las contingencias.

Ha anunciado el presidente Kuczynski que su gobierno llevará adelante un plan de reconstrucción de los daños ocasionados por los recientes eventos naturales. Y ha hecho énfasis en que será una “reconstrucción con cambio”, frase que interpreta como hacer bien lo que antes no se hizo o se hizo mal. Enhorabuena y ojalá podamos ver pronto que los puentes no se caen, los colectores no se obstruyen y el asfalto de ciudades y carreteras, con el debido mantenimiento, dura lo que debe durar.

Como ciudadano que paga sus impuestos y espera que estos tengan el mejor uso, gustosamente me ofrezco ad honorem a ser veedor de la obra que se ejecute.