Se suele decir que calamidades
como la que hemos soportado este verano -y que se extiende aun iniciado el
otoño- deben entenderse como una oportunidad para rectificar errores o ejecutar
aquello que de manera negligente (no hace falta abundar en esto hablando del
Perú) no se hizo en su momento.
Qué gran cosa sería que en medio
de la corruptela destapada en los últimos meses, el gobierno de Kuczynski emprendiera
una rehabilitación en serio de la infraestructura y ciudades dañadas por los
eventos de la naturaleza. En serio implica primero que nada cerrarle el paso a
los pillos que desde el gobierno central o las instancias regionales y
municipales pretenderán festinar los recursos públicos en beneficio personal
con obras de pacotilla.
Lo serio será diseñar e
implementar sistemas preventivos -drenajes en las ciudades costeñas,
reubicación de poblados vulnerables, puentes y carreteras a salvo de las
avenidas de agua- para que la historia no se repita cada verano. No necesitamos
ser un país del primer mundo para contar con este tipo de obras. Vecinos como
Ecuador y Bolivia, con una economía más pequeña que la nuestra, pueden darnos
lecciones.
Ha hablado el presidente de la
República de la designación de un “zar” de la reconstrucción. Será fundamental que
además de las credenciales del caso cuente con una visión y un equipo
multidisciplinario. Una rehabilitación en serio del país involucra a responsables
de transportes y comunicaciones, urbanismo, vivienda, saneamiento y seguramente
varios otros sectores más. Es indispensable que la tarea sea efectuada con una
dirección integral, orgánica, completa.
Qué gran cosa sería que en pocos años podamos reconocer
este valioso legado.

