Hace unos días, a través del concurrido
Consultorio Ético que tiene Javier Darío Restrepo en la web de la Fundación
Gabriel García Márquez (FNPI), un atribulado padre planteaba la siguiente
pregunta: “Tengo un hijo que está comenzando estudios de periodismo. Pero ante
la crisis de periodistas desempleados o despedidos porque las empresas no dan
más, ¿qué hacer con el estudio de mi hijo? ¿Buscarle una carrera más
promisoria? ¿O que siga en una profesión sin futuro?
Si bien legítima y comprensible
desde la posición de todo padre de familia, la preocupación resulta un tanto desmesurada.
Algo que también se entiende en quienes no habitan los territorios de la
prensa.
Restrepo, cuya trayectoria en el oficio
es ejemplar, advierte en su respuesta que existe efectivamente un tipo de
periodismo impulsado por el lucro que muestra muy poco aprecio por los
periodistas. “Si su hijo se está formando para un periodismo así, no encontrará
posibilidades para un futuro digno”, anota.
Sin embargo, a párrafo seguido menciona
que hay otro periodismo que se está reinventando y saldrá bien librado de la
crisis. “Este es un periodismo que se mira como una profesión de servicio, no
de poder (del que habla el mito del cuarto poder). Ese viejo mito no existe
para este periodismo post crisis. El poder es su peor y más dañina opción, por
corruptora y por estéril. En cambio, el servicio eleva su dignidad, abre
innumerables posibilidades y le da su más auténtica fisonomía”, subraya el
periodista colombiano.
Periodismo y poder. Dos términos
de un binomio indisoluble que frecuentemente se torna crítico a partir de las
operaciones que se obren con ellos. Ya desde la aparición de los primeros
libelos y panfletos medievales, las relaciones entre la prensa y los poderes no
se han distinguido precisamente por la cordialidad. El poder político la detesta
y estará siempre dispuesto a lo que sea por manipularla. A otros poderes suele
serles indiferente hasta que sienten que sus intereses están siendo tocados.
Entonces también intentarán amansarla.
¿A cuento de qué lo anterior? A
cuento de que, como expresa Restrepo, el poder sigue siendo un factor
determinante de lo que podemos entender por un buen periodismo y un periodismo
mediocre o malo. Personalmente pienso que una cuota importante de los problemas
que afronta la prensa -escasa credibilidad, baja circulación, contenidos
frívolos- se origina en una especie de confusión ante la arremetida creciente
de los soportes electrónicos. Confusión que ha llevado a algunos medios a
establecer cierto entendimiento con el poder político en el afán de sobrevivir.
Lo aconsejable en todos los casos es que los periodistas se mantengan a
prudente distancia de los poderes.
Existen alternativas plausibles para
mantener la vigencia del periodismo. Medios tradicionales dan testimonio de
ello, especialmente a través de la mejora y el cuidado de sus contenidos, mientras
otros han sabido acoplar con eficacia los usos tradicionales del oficio a las
tendencias en boga. Diarios estadounidenses como el New York Times y el Washington
Post se han fortalecido gracias a los recursos tecnológicos.
Ryszard Kapuscinski, otro gran
periodista, expuso con pasión la necesidad de la integridad ética de quienes
ejercen el periodismo. Por una razón simple: sin el activo de la probidad se
carece de autoridad para criticar o fiscalizar. Esta autoridad es igualmente
necesaria para llevar adelante una tarea señalada incluso antes de que fake
news y posverdades se extendieran como reguero de pólvora: la de que los
periodistas eduquen a las audiencias en la elección de contenidos
verdaderamente útiles.
A este propósito podría sumarse, trascendiendo
la entrega de registros informativos que resultan insuficientes y aburridos,
una oferta que explore la realidad con profundidad y amplitud. Llámese a esto
divulgación o conocimiento, estaríamos ante contenidos capaces de garantizar una
vida larga al periodismo. Tenemos antecedentes en este sentido, pero me parece
clave apostar decididamente por una renovación de lo que tradicionalmente ha
presentado la prensa. Dar cuenta de lo que sucede, sí, pero sobre todo explicarlo.
De eso se trata.
Así, ante esta perspectiva,
padres de familia preocupados por el porvenir de sus hijos que han elegido ser
periodistas podrán sentirse tranquilos. Los retos son enormes y encararlos
demandará mucho, muchísimo trabajo.

