Una suerte de obsesión académica sin precedentes se extiende entre los peruanos de toda edad. Aun cuando en sus orígenes fue visto como un asunto anecdótico, el hecho ha ido escalando en relación directa con la exhibición de diplomas, grados y títulos por parte de los involucrados en la presente campaña electoral y de uno de ellos en particular.
En opinión de los especialistas, estaríamos ante un fenómeno de compulsión colectiva refleja a partir de las virtudes que parecieran desprenderse de un doctorado obtenido a pulso en la distinguida Universidad Complutense de Madrid. Este mérito sin parangón, pero por encima de todo la firma de su Majestad Don Juan Carlos I estampada en el diploma que reconoce el grado, han devenido en la suma de las aspiraciones de nuestros connacionales.
Se sabe de jóvenes que en plena preparación para postular a una carrera de pregrado han abandonado sus estudios bajo el argumento insólito de querer optar directamente por un doctorado. "Repite todo el día doctor o nada, y por nada del mundo quiere regresar a la academia", declaró una atribulada madre al referir el caso de su hijo.
"En un par de años también seré doctora y qué lindo (sic) mi cartón tendrá seguramente la rúbrica de la reina Letizia. Pero antes quiero dejar en claro que mi propósito principal en el Congreso es el de poner coto a la muy mala costumbre de llamar doctor a cualquiera en este país. Plantearé una ley para que el solo hecho de decirle doctor a quien no lo es conlleve una severa sanción, ya lo saben", manifestó una ex congresista que abandonara la universidad en estudios generales y que ahora pugna por volver al parlamento en las filas del candidato doctor.



