Probablemente lo primero que me llamó la atención fue el diseño convexo de las calzadas, una leve curvatura en la parte central de las mismas cuya función quedó perfectamente graficada con la caída de una lluvia. Esto también me permitió comprender por qué las veredas eran ásperas y tenían igualmente un ligero declive hacia las calzadas. El agua, en la vía pública, debe discurrir, y veredas con una superficie lisa pueden convertirse en trampas mortales cuando la lluvia cae sobre ellas. El sentido común no es otra cosa que la experiencia bien aprendida.
El escenario de tales
descubrimientos era Los Ángeles, ciudad en la que más allá del It never rains in Southern California de
Albert Hammond estaban tomadas todas las providencias para soportar precipitaciones
de magnitudes bíblicas.
Pero una cultura de la precaución
es consustancial al progreso y no existe país que goce de dicha condición sin haber
considerado tal premisa. Son varias las razones que hacen valiosa la
prevención: a) el cuidado de las personas, manifiesto por lo demás en el primer
artículo de la Constitución, b) el costo de reconstruir aquello que se hizo mal
supera con creces al de construir bajo parámetros preventivos, y c) en definitiva,
una cultura de la prevención permite reducir los niveles de perturbación o
bloqueo de las actividades cotidianas frente a las contingencias.
Ha anunciado el presidente
Kuczynski que su gobierno llevará adelante un plan de reconstrucción de los
daños ocasionados por los recientes eventos naturales. Y ha hecho énfasis en
que será una “reconstrucción con cambio”, frase que interpreta como hacer bien
lo que antes no se hizo o se hizo mal. Enhorabuena y ojalá podamos ver pronto
que los puentes no se caen, los colectores no se obstruyen y el asfalto de
ciudades y carreteras, con el debido mantenimiento, dura lo que debe durar.
Como ciudadano que paga sus impuestos y espera que estos tengan el mejor uso, gustosamente me ofrezco ad honorem a ser veedor de la obra que se ejecute.

No hay comentarios:
Publicar un comentario