El hombre ha ambicionado desde siempre el dominio total sobre las
cosas, un propósito que en este siglo XXI raudo y rendido a la tecnología
imaginábamos casi alcanzado. Al menos creíamos que era así hasta hace algunos
días. Un enemigo invisible y terriblemente mortífero nos ha hecho caer en
cuenta de que el canto de victoria tendrá que esperar.
Con mis alumnos de comunicación solíamos hablar del mundo. Varias
veces me preguntaron si veía algunas amenazas sobre la humanidad. Sin ánimo de
tener la última palabra, les decía que la escalada del egoísmo, la
autosuficiencia y el hedonismo en los tiempos posmodernos me preocupaban.
Pienso que estos rasgos apresuran un andar deshumanizador.
Sumemos a lo anterior el sometimiento a los artilugios
tecnológicos y lo que podríamos tener ante nosotros son saltos al vacío, a la
nada. No quiero decir con esto que los extraordinarios logros de la humanidad
en los terrenos de la salud, educación, democracia, economía, ciencia y tantos
otros sean insignificantes o sirvan de muy poco. Al contrario: son apreciables
y hablan de esa aspiración de progreso consustancial a los seres
humanos, que bien orientada se materializa en bondades. Por ello resulta tan
paradójico que lo que hemos logrado en el último siglo y medio no sea capaz de
ponernos a salvo de la peste.
Es probable que una pandemia de estas dimensiones solamente haya
sido prevista por especialistas. Tal vez se soslayaron sus alcances, confiando
en que los avances de la ciencia médica le cerrarían el paso. Como fuese, el
virus ha ocasionado ya más de 15 mil muertes, seguirá diezmando a otros miles y
ha paralizado al mundo con pérdidas multimillonarias.
¿Nos dormimos en nuestros laureles? ¿Nos ensimismamos en una vida
más y más trivial creyendo que ya todo lo teníamos resuelto? ¿Predicábamos que
éramos globales sin demasiada convicción?
Por supuesto, enfrentamos un problema clínico y la solución tendrá
que ser de esta naturaleza. Pero vendría bien hacer algunos ajustes a nuestras
existencias. Ojalá que el confinamiento forzoso de estos días nos ayude a
responder estas y muchas otras preguntas sobre nuestra condición humana. Y que
las respuestas vengan acompañadas del alma que en algún momento se nos
extravió.

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