Una institución
celebra un almuerzo tradicional de fin de año. En la antesala, mientras se aguarda
la palabra que rompa los fuegos del festejo, estados de ánimo también típicos de
estas ocasiones toman lugar en las mesas: inquietud, reserva, exultación.
De repente una
voz irrumpe en el ambiente provocando un silencio total. Proviene de algún
lado, quien habla no es visible pero sí previsible: el consabido animador del
almuerzo de fin de año. Murmuraciones. Segundos más tarde el susodicho aparece
en escena. Más murmuraciones. No se le conoce. Dice ser limeño y cálculos diligentes
estiman su edad alrededor de los 40. Se presenta. Supongamos que su nombre es
Roger.
Después de
transmitir la bienvenida a título corporativo, Roger inicia su desplazamiento
entre las mesas. Invita a conversar con gracia, juega con las palabras. El
recelo de los presentes cede paulatinamente, aquellos a los que él se dirige
responden a sus preguntas y las primeras risas se dejan escapar. Roger no
parece ser un animador más del almuerzo de fin de año. Se toma y se le permiten
algunas licencias, como la de encargar sus respetos al esposo desconocido de
una trabajadora que emite un extraño grito-gemido cuando le pide hacer una
barra a sus compañeros. O la de pedirle a una autoridad de la institución que no lo interrumpa
mientras está hablando.
Había anticipado
que su participación no sobrepasaría la hora, pero incluso mucho antes Roger se
ha robado el show y la gente ríe a mandíbula batiente con sus ocurrencias bajo
una atmósfera plenamente festiva. Y es que la risa, efectivamente, tiene el
poder de transformar momentos, y acaso también el de transformar vidas. “A fin
de cuentas todo es un chiste”, podríamos parafrasear a Chaplin, y Roger, conocedor
de su oficio, hace que el buen humor reine en el preámbulo de aquel almuerzo.
Una nube de
cámaras y celulares asoma cuando Roger se despide. Con la parafernalia propia
de quienes persiguen a una estrella de rock, los asistentes se abalanzan
sobre él reclamándole una foto: quien hace reír merece perpetuarse. Ya la
orquesta ha tomado posición y el entorno es propicio para la fiesta.
Música, maestro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario