miércoles, 11 de enero de 2017

Hazme reír


Una institución celebra un almuerzo tradicional de fin de año. En la antesala, mientras se aguarda la palabra que rompa los fuegos del festejo, estados de ánimo también típicos de estas ocasiones toman lugar en las mesas: inquietud, reserva, exultación.

De repente una voz irrumpe en el ambiente provocando un silencio total. Proviene de algún lado, quien habla no es visible pero sí previsible: el consabido animador del almuerzo de fin de año. Murmuraciones. Segundos más tarde el susodicho aparece en escena. Más murmuraciones. No se le conoce. Dice ser limeño y cálculos diligentes estiman su edad alrededor de los 40. Se presenta. Supongamos que su nombre es Roger.

Después de transmitir la bienvenida a título corporativo, Roger inicia su desplazamiento entre las mesas. Invita a conversar con gracia, juega con las palabras. El recelo de los presentes cede paulatinamente, aquellos a los que él se dirige responden a sus preguntas y las primeras risas se dejan escapar. Roger no parece ser un animador más del almuerzo de fin de año. Se toma y se le permiten algunas licencias, como la de encargar sus respetos al esposo desconocido de una trabajadora que emite un extraño grito-gemido cuando le pide hacer una barra a sus compañeros. O la de pedirle a una autoridad de la institución que no lo interrumpa mientras está hablando.

Había anticipado que su participación no sobrepasaría la hora, pero incluso mucho antes Roger se ha robado el show y la gente ríe a mandíbula batiente con sus ocurrencias bajo una atmósfera plenamente festiva. Y es que la risa, efectivamente, tiene el poder de transformar momentos, y acaso también el de transformar vidas. “A fin de cuentas todo es un chiste”, podríamos parafrasear a Chaplin, y Roger, conocedor de su oficio, hace que el buen humor reine en el preámbulo de aquel almuerzo.

Una nube de cámaras y celulares asoma cuando Roger se despide. Con la parafernalia propia de quienes persiguen a una estrella de rock, los asistentes se abalanzan sobre él reclamándole una foto: quien hace reír merece perpetuarse. Ya la orquesta ha tomado posición y el entorno es propicio para la fiesta. Música, maestro.


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