¿Qué tienen los argentinos que no
tengamos los peruanos, los mexicanos o los franceses? ¿Por qué esa incómoda pedantería
que los distingue y a tantos les resulta insoportable puede trocar, por una
irreverencia que también les es consustancial, en rendida admiración por las
cosas que hacen?
Existen dos materias, digamos
mundanas, en que el genio argentino se manifiesta con peculiaridad: el fútbol y
la publicidad. El fútbol trasciende su dimensión deportiva y es parte de un weltanschauung colectivo, una forma de
entender la vida con los dramas y los esplendores que le son inherentes. Por
eso este deporte puede llegar a convertirse en cuestión de Estado. Y por eso la
renuncia de Messi luego de perder la final de la Copa América con Chile ha
tenido al país en vilo, con tirios y troyanos en una cruzada cuya misión es el
retorno glorioso del número uno a la selección.
Lugar para la inventiva
publicitaria, una amalgama de neorrealismo italiano, penuria porteña y fina
ironía –la más difícil- que ha hecho de un sinnúmero de comerciales argentinos
verdaderas piezas de colección. El último capítulo de esta secuencia viene dado
por un mensaje de Dios a Messi. Tal como se lee: Dios hablándole al capitán
albiceleste, recordándole su rutilante trayectoria y prometiéndole nada menos
que una epifanía después de que regrese al equipo y cumpla con la tarea que
tiene pendiente.
¿Una licencia excesiva?
¿Sacrilegio? ¿Herejía? Para nada. Valga recordar que entre el fútbol argentino
y Dios existe una relación que viene de antes. ¿No fue la mano del Todopoderoso
la que le permitió a Argentina avanzar en México 86 y acaso su inapelable
voluntad convertirla en campeona de aquel Mundial?
Conversaba una vez con un amigo
argentino bajo el frío de Denver y le hice de repente una pregunta que encajó
de la mejor manera: “¿Qué tan cierto es aquello de la petulancia rioplatense?”,
le dije. Rodolfo me miró por unos segundos, hizo un consentimiento lento con la
cabeza, y muy sereno me respondió: “Es verdad, che. Porque de otra manera no
seríamos argentinos”.

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