¿Quién gana con el espectáculo de
la política y la justicia peruana? ¿Quién o quiénes mueven los hilos de esta trama bananera? ¿Qué es lo que se busca con todo esto? ¿El renacimiento
de una nación? ¿El triunfo de los buenos sobre los malos? ¿Podrían asegurar sus
protagonistas -todos, sin excepción- que están libres de polvo y paja?
Es probable que ahora mismo a
pocos peruanos les interese obtener respuestas. No. La atención está puesta en
cuestiones más emocionantes, fina cortesía de buena parte de la prensa nacional,
que debe haber logrado audiencias sin precedentes. ¿La fórmula? Una entrega por
capítulos con intriga, delaciones, acusaciones, recusaciones, pausas y altas
dosis de suspenso. Un suculento menú de comidilla sin complicaciones que ha
caído de plácemes en un país cada vez más confundido.
He aquí lo que legítimamente preocupa
a quien esto escribe, de oficio periodista. Plantearé las cosas con un ánimo de
mea culpa, a la espera de un acto de contrición gremial. Bajo la justificación
del interés público, ¿no hemos incurrido peligrosamente en prácticas propias de
los regímenes totalitarios? Quienes tenemos un recorrido en la prensa sabemos
a qué nos referimos, y por ello resulta menos comprensible la actuación de medios y
colegas, sobre todo en lo que atañe a la función informativa.
En el abecé del periodismo que por
la fuerza o por voluntad propia se allana a los poderosos, figura como una
premisa básica que es imperativo crear en el conglomerado social la sensación de
que el gobernante tiene elevados ideales y por ello emprende una cruzada contra
todos los que se interpongan a este propósito. Por ello también la necesidad de
que los procesos sean públicos y se exponga a quienes reciben condena al
repudio y escarnio de la gente. Hace un siglo la psicología de masas prescribía
que con esta pauta la popularidad y vigencia de quien encarnara el poder estaba
garantizada. Desde la Unión Soviética hasta Cuba y un sinnúmero de casos en los
cinco continentes, esta ha sido una de las actuaciones más perversas de la
prensa al servicio de las tiranías.
Ciertamente vivimos en democracia
y como hemos dicho nada justifica que este tipo de procesos se conviertan en
espectáculo. Los periodistas estamos obligados a respetar el derecho a la
privacidad de las personas, más allá de los delitos que puedan haber cometido.
La justicia no requiere del despliegue mediático para aplicar la sanción que
corresponda a cada quien. Las condenas no tendrán mayor valía porque los
ciudadanos las reclaman.
Decía el ilustre profesor José
María Desantes, cuyas clases tuve la suerte de atender en la Universidad de
Piura, que la libertad y el derecho a la información se cumplen ejemplarmente
cuando los periodistas asumimos que son también libertades y derechos de la audiencia
y en consecuencia ofrecemos contenidos sin ninguna pretensión de manipular a la
opinión pública.
Para terminar, en su última columna
(Dos Barbaries, El Comercio
07.11.2018), el sociólogo Hugo Neira sostiene que la bipolarización -el
enfrentamiento destructivo por el poder- “no es sino un pasado que no se va”.
Qué desesperanzador resulta que a menos de tres años del Bicentenario ya muy pocos hablen de las metas que nos habíamos trazado como nación
y menos aún consigamos aprender las lecciones de nuestra historia.

Qué interesante planteamiento, querido Richard, por su mirada diferente, amplia e incluso autocrítica. Este ejercicio fariseo del periodismo judicializante es el que también, por cierto, se desenvuelve a sus anchas, con evidente soberbia y morbosidad, en el plano delicado y sensible de las denuncias de abusos sexuales en el mundo del estrellato y del cine en particular. Sin dejar de deplorar cualquier forma de agresión, sexual o no, contra todo ser humano, desdichadamente imputaciones ligeras e irresponsables, sin ninguna demostración en las instancias donde corresponde, se convierten en condenas anticipadas y aun en linchamientos mediáticos que causan perjuicios igualmente repudiables.
ResponderEliminarPor cierto, aprovecho para, además de enviarte un gran abrazo, recomendarte mi recién estrenado blog personal: https://lalluviayelcafe.blogspot.com/