UNO
¿Qué es democracia?, me preguntó mi hija menor hace algunos días mientras preparaba la exposición final de sus años de secundaria.
Procuré condensar un concepto que por un motivo u otro se presta a varias interpretaciones, y le dije que democracia es por encima de todo diferencia, diversidad, la capacidad de convivir de modo civilizado con quienes no coincidimos, incluso con quienes podemos tener discrepancias insalvables.
Por ello, en el plano político las verdaderas democracias se sustentan en una división de poderes que, en definitiva, debe conducir a esos contrarios a consensuar, a lograr un equilibrio en nombre de las aspiraciones comunes de una nación para las que solicitaron poder.
Sin embargo, cuando me preguntó si el Perú es un país democrático darle una respuesta me resultó mucho más complicado.
DOS
Algunos medios publican en primera plana que el presidente Vizcarra termina el año con 66% de aprobación, un indicador que ciertos sectores han celebrado oportunamente desde julio último. ¿Por qué tanta insistencia con la popularidad de la cabeza del poder ejecutivo? ¿Tiene esto algún correlato con la excelencia de su gobierno? ¿Qué progresos ha hecho el Perú en los últimos meses?
No creo ser suspicaz al decir que esta extraordinaria difusión de popularidad presidencial ha generado en la lógica mayoritaria la idea de que hay un mandatario que está haciendo las cosas bien y hay que respaldarlo. Allí está la masiva votación en el referendo tal como él la pidió, sin mayores deliberaciones ni explicaciones.
¿Cuánto tiempo más podrá el gobierno continuar despreocupado por los requerimientos urgentes del país gracias a la popularidad del presidente?

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