Un general de la policía declara rotundo a un reportero que “el cinturón de seguridad es la diferencia entre la vida y la muerte”. ¿Debemos pensar que por utilizarlo estaremos a salvo de las incontables salvajadas de quienes se ponen al timón en este país? ¿El exceso de velocidad, la falta de precaución, lo poco que importan las normas de tránsito, la carencia absoluta de sentido común, podrán ser resueltos abrochándonos el cinturón?
Un principio de la gestión señala
que los problemas persistirán mientras no se identifiquen las causas que los
provocan. Honestamente, y contrariando al solemne oficial de la policía, el
origen de tantas e interminables muertes sobre el asfalto se encuentra en las alteradas mentes de los conductores peruanos. Por supuesto que los cinturones salvan vidas, pero de poco
servirá abrochárselos y las multas que se impongan por no hacerlo si
antes no se exige sensatez a quienes manejan.
Disfrútalo bien caliente
Repito lo de cada verano: esta es
una estación que fatiga, hace sudar, joroba día y noche, bastante más cuando
estamos en campaña electoral. Y sin embargo, ¿hay quien no vincule sus
recuerdos más queridos a estos despiadados meses del año? Pura y humana contradicción.
Mea culpa
En mi último post (¿Quién dijo
que eran graciosos?, 24 de enero), me refería a lo mortificante que puede ser escuchar a un payaso cuando se pretende conciliar el sueño un sábado por
la tarde, suplicando para ellos una sanción tan extravagante como imposible: la
pena de muerte.
Curiosa coincidencia, apenas horas
después alguien que volvía de Huaraz me contó la historia de los niños de
Yungay que sobrevivieron al aluvión de 1970 gracias a que se hallaban en una
función de circo en lo alto de la ciudad.
La historia es más o menos
conocida y he podido saber que el circo se llamaba Verolina. Lo novedoso es que
entre quienes impidieron que los chicos rompieran filas, emprendiendo una
probable carrera hacia la muerte, hubo payasos. Termino por tanto con la expresión
de un sincero propósito de enmienda: larga vida para aquellos seres de nariz
colorada y zapatos inverosímiles que actúan ejemplarmente.

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