martes, 5 de abril de 2016

Ley de Murphy y pensamiento lateral


A días del acto que trazará el devenir nacional por los próximos cinco años o más, cabe recordar al electorado que a las acaloradas emociones que gobiernan la campaña sigue la responsabilidad de asumir el voto emitido. En las buenas y en las malas. En los aciertos y en los despropósitos.

No existe en esta invocación cuestionamiento alguno al derecho y la libertad de elegir a quien cada cual tenga a bien. Sin embargo, a tenor de lo expresado, nunca estará demás ejercer tan crucial potestad con la cabeza fría antes que con el corazón caliente.

Dos son los planteamientos fundados en la evidencia empírica que avalan un llamado al voto responsable.

Ley de Murphy

Luego de estar al frente de pruebas militares en el desierto de California, Edward A. Murphy Jr sentenció con conocimiento de causa un adagio contundente: "si algo puede fallar, entonces fallará". Si bien hay quienes ven en la Ley de Murphy un axioma poco científico y pesimista, la realidad se encarga de probarlo una y otra vez.

Pensemos por un momento en personajes de la fauna política nacional que encaramados en el poder no presagiaban precisamente lo mejor. Pensemos por ejemplo en Juan Velasco Alvarado, Alan García I, Alberto Fujimori, Alfonso Barrantes, Susana Villarán, Ollanta Humala y Nadine Heredia. ¿No son acaso pruebas fehacientes de la indeseable probabilidad de la que habla Murphy?  No se diga después que no fuimos advertidos.

Pensamiento lateral

Edward de Bono propuso medio siglo atrás resolver los problemas de una manera distinta, creativa. Puso por nombre a este procedimiento pensamiento lateral, que en corto supone encontrar variantes a la forma en que habitualmente pensamos que podemos resolver nuestros problemas.

El conductismo electoral prescribe que a mayores ofertas mayor número de votos. Tal proceder puede entenderse desde la lógica de los candidatos, y para dar fe de ello los tenemos hace tres meses prometiendo el oro y el moro. Sin embargo, siguiendo a de Bono, se nos presenta la estupenda oportunidad de entrenarnos en el pensamiento lateral votando este 10 de abril por quien menos promesas haya hecho.

Téngase en cuenta que más no siempre es mejor, y que simplemente un plan de gobierno inteligente y coherente puede ser la clave de grandes resultados.

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