El ímpetu conspirador debió fraguarse en la modesta biblioteca de maestro del padre de Ramoncito. Aunque la arenga inflamada de Vladimir Ilich Ulianov representaba a los 15 años un inextricable acertijo, mientras leíamos las páginas amarillentas de Los amigos del pueblo, un folleto que anticipaba la caída de los zares y el surgimiento de un proletariado supremo, nuestros ideales de justicia se hacían fuertes. Y para despejar cualquier sospecha de farsa nos creímos de buena fe la historia de la violencia como partera de un mundo igualitario.
Después todo fue contarle a quien quiso escucharnos nuestra insigne conversión a la militancia rebelde, dándole a nuestras reuniones el carácter clandestino que merecían bajo el cobijo de las plateas del cine Sur, recinto plagado de murciélagos donde la discusión doctrinaria alternaba con el solaz visual procurado por historias de naturaleza concupiscente.
Mi itinerario de comunista adolescente y confeso me condujo a las marchas recalcitrantes de los campesinos-propietarios de Pomalca, Tumán y otras ex haciendas chiclayanas protestando por el descalabro de aquello cuya destrucción se hallaba en el decreto mismo que lo creó. También asistí a conciliábulos de profesores que urdían paralizaciones y huelgas con cuidadoso cálculo, y me adherí a manifestaciones en las que se proclamaba el advenimiento del poder popular.
Mi itinerario de comunista adolescente y confeso me condujo a las marchas recalcitrantes de los campesinos-propietarios de Pomalca, Tumán y otras ex haciendas chiclayanas protestando por el descalabro de aquello cuya destrucción se hallaba en el decreto mismo que lo creó. También asistí a conciliábulos de profesores que urdían paralizaciones y huelgas con cuidadoso cálculo, y me adherí a manifestaciones en las que se proclamaba el advenimiento del poder popular.
Los años me han enseñado que hay una edad para todo, incluso para jugar a ser comunista bajo los empecinados ideales justicieros de la juventud. Lo importante es que a uno le quede claro, más temprano que tarde, que no existe causa colectiva superior en nombre de la cual las libertades puedan ser abolidas. Si bien de forma indirecta, algunos candidatos han insinuado agigantar al Estado si llegaran a la presidencia, algo que suele ser el principio de estas aventuras igualitarias que conducen a un inexorable despeñadero. Valdrá la pena ir advertidos este 10 de abril.

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